martes, 27 de mayo de 2014

Confesión - No siempre pero en ocasiones



Voy a confesar algo absolutamente inefable, algo que no sólo aporta nada a mi inmadura personalidad, sino que alimenta el fuego de los que pretenden quemarme en la hoguera.

No me bajo pornografía infantil de internet, no quemo base de coca sin cortar, en una pipa de cristal, y aspiro hasta que mis pulsaciones se disparen ( o si ). No. Hago algo mucho peor.
Como soy adicta a lo inútil, me lo compro. Es sucio, es estúpido, pero es real. Y no soy la única.


Sí, es todo tan bochornosamente inmaduro... Pero la tranquila aceptación del sinsentido es la máxima expresión de madurez a la que puedo llegar. La asunción del monstruo. Soy adicta a comprar libros para apilarlos después y no concretar cuando o sí siquiera los leeré algún día . Pero como todas las adicciones, relaja, calma el espíritu. Me ayuda a pensar, me tranquiliza, es como...cuando estas insanamente tenso y te dedicas a patear todo lo rompible por tu cuarto hasta llegar al punto de éxtasis en el que saltas con los pies juntos y caes sobre tus rodillas tapando los ojos con las manos.

Cuando he recibido el paquete, me he quedado auténticamente colgada durante unos segundos disfrutando de una sensación primigenia, algo realmente excepcional, por lo que sería capaz de pagar una fortuna: la ilusión, un pequeño retazo de ilusión absurda, de emoción palpitante, de aquella sensación que se sentía al abrir un sobre sorpresa.Atrapar la ilusión, la emoción perdida. La infancia recuperada y amplificada. El triunfo de lo banal, que se descubre, con el tiempo, como el más profundo de los abismos.


¿No es asombroso y terrorífico que nos echemos piedras a nuestro propio tejado?
¿Es eso cierto? Creo que no. No ahora.

Hay veces que es difícil, o incluso imposible, no dejarse absorber por el aburrido y cansino malestar de la rutina, de la espiral bajón/subidón, esa incómoda sensación de agotamiento que te invade y te devora como un virus. En un rato se pasa. No tenemos derecho a agotarnos, a perder el control. Las cosas son como uno las ve. No hay cosas en sí, tan sólo apreciaciones. Fenómenos. Esto no minimiza el dolor, todo lo contrario, te responsabiliza de ello. Somos nosotros los responsables de la angustia, y ése es precisamente el máximo sufrimiento, saberse verdugo, no víctima, ser el encargado de su ejecución y administración. Debemos tener el valor para repartirla, dividirla, encauzarla, hacerla digerible, e incluso digestiva. La bilis como alimento, como pan de cada día. Hay que ser conscientes de que las cosas, eso áspero de ahí afuera, dependen de nuestra voluntad de representación, del motor interior que pone en funcionamiento la farsa. Motor inmóvil que genera realidad al observarla.


lunes, 19 de mayo de 2014

Pato-conejo . Hemos vuelto.


11.30 a.m.

  

    Segundo asalto pato-conejo.


Contamos con una grapadora, 1000 folios en blanco... entre otras cosas. 








( ? ) 


Cara que da cuenta de  cómo intento gestionar el hecho del curso de esta interacción esté adquiriendo esta forma de competencia tan... feroz.  Frente a lo atroz. 




Y aquí tenemos al responsable. El autor detrás de " la respuesta " no es sino él. 
- Hace falta ser cretino para sabotear mi dibujo. Me gustaría saber quién ha sido. ( Reflexiono en alto )
-Yo ( aparece detrás de mi )
-¿ Ah, sí ? ¿ a qué responde ? 
-  A que quiero llamar vuestra atención. Ven a ver mi obra.
-No. Buena suerte, cómo tenga la misma calidad que tu interpretación del Tractatus la vas a necesitar.

Subo y bajo por las escaleras. Dos chicos de historia me cuentan que cada vez que este " individuo" pasa por el corcho escupe y arranca en y a los carteles. Pobre de él, sentiría lástima si pudiese. 


¿ Qué se supone que es esto ? ¿ qué pretendes invocar o reclamar con esta suma de sinsentidos ?


La frase ... mía.  Sería más correcto haber escrito " Ludwig Wittgenstein wouldn´t approve this bullshit " . ¿ Entras en conflicto conmigo siendo que el patoconejo lo que reclama es un espacio artístico de resistencia y convivencia para que se den manifestaciones que no se solapen sino que se complementen  ? De acuerdo, jugaremos  todos con las mismas normas. 





Sigamos a lo nuestro.






No quiero, ni puedo, ni sé dejar las cosas estar. Y si alguien está autorizado a modificar una obra,  ¿ quién mejor que yo  que estoy detrás de la misma, de esta específicamente ?  Minutos después cubríamos todo de folios en blanco, más que se vean o permanezcan enterrados no es lo relevante, se trata de ser más, ser mejor e ir más allá, sea apreciable o no. 

 



¿ Vuelves ? ¿ aún te quedan ganas ?  Mejor.  Aún mejor para mi. Mañana martes tengo clase de filosofía del lenguaje y necesariamente pasaré por ahí.  Y sabrás que así ha sido. Capullo. 






Que aurático.